Una de las partes más difíciles de tener un perro es no poder comunicarse directamente con él. Cuando nosotros nos sentimos mal, podemos describir qué nos duele, cuándo empezó y cómo es el malestar. Un perro, en cambio, solo puede mostrarnos que algo no está bien a través de cambios en su comportamiento o en su cuerpo. Por eso, aprender a leer esas señales es fundamental para actuar a tiempo.
No hace falta ser veterinario para detectar que tu perro no está bien. Hace falta conocerlo. Saber cómo come normalmente, cómo duerme, qué tan activo es en el día a día. Cuando algo cambia sin una razón obvia, ahí empieza la alerta.
Cambios en el comportamiento: el primer síntoma a vigilar
Antes de que aparezcan síntomas físicos evidentes, casi siempre hay un cambio en cómo se comporta el perro. Estos son los más importantes:
- Letargo o apatía: Si tu perro normalmente es activo y de repente no quiere levantarse, no reacciona cuando lo llamás o pasa el día durmiendo más de lo usual, puede ser una señal temprana de que algo no está bien.
- Pérdida de interés en el juego: Un perro que deja de correr, de buscar la pelota o de jugar con sus juguetes favoritos puede estar sintiéndose mal físicamente o tener dolor.
- Cambios en el apetito: Saltarse una comida de vez en cuando puede ser normal. Pero si tu perro lleva uno o dos días sin comer con ganas, o al contrario, tiene hambre desmedida sin razón aparente, prestá atención.
- Sed excesiva o muy poca agua: Tomar mucha más agua de lo habitual puede ser síntoma de diabetes, enfermedad renal o infección urinaria.
- Cambios en el humor: Un perro normalmente afectuoso que de repente se pone irritable, gruñe o evita el contacto puede estar experimentando dolor o malestar.
Síntomas físicos de enfermedad en perros
Los signos físicos son más fáciles de identificar, aunque a veces los minimizamos. Estos son los más comunes que indican que algo puede estar fallando:
Digestivos
- Vómitos: Un vómito aislado puede ser inofensivo, pero si se repite más de dos veces en el día o viene acompañado de sangre, moco o color extraño, requiere atención veterinaria.
- Diarrea: Al igual que los vómitos, una diarrea que dura más de 24 horas, es muy frecuente o contiene sangre no puede ignorarse.
- Constipación: Si tu perro hace esfuerzo para defecar y no logra o produce muy poco, puede ser señal de obstrucción o algún problema gastrointestinal.
- Abdomen hinchado: Un vientre notablemente inflado, sobre todo si está tenso, puede indicar desde gases hasta situaciones graves como la torsión gástrica.
Respiratorios y nasales
- Tos persistente: Un poco de tos ocasional puede ser normal, pero si se repite varios días o es seca y fuerte, podría indicar bronquitis, kennel cough o problemas cardíacos.
- Secreción nasal: Un poco de humedad en la nariz es normal. Pero secreción con color (amarilla, verde), espesa o con sangre no lo es.
- Dificultad para respirar: Si tu perro respira rápido en reposo, con la boca abierta o hace ruidos al respirar, es una emergencia.
Ojos y oídos
- Ojos rojos o con secreción: Puede ser conjuntivitis, alergia o una infección. Si el perro se rasca mucho los ojos, llevalo al vet.
- Sacude la cabeza o se rasca las orejas: Suele indicar infección de oídos, especialmente en razas con orejas largas como el Beagle o el Cocker.
Piel y pelaje
- Pérdida de pelo en zonas específicas: Puede deberse a hongos, sarna, alergias o problemas hormonales.
- Picazón excesiva: Un perro que se rasca constantemente, se muerde la piel o se lame las patas puede tener alguna alergia alimentaria o ambiental.
- Aparición de bultos o protuberancias: No todos los bultos son malignos, pero cualquier protuberancia nueva que crezcaráp idamente debe revisarla el veterinario.